LA HISTORIA DE ABELARDO Y ELOISA UN AMOR VETADO EN LA EDAD MEDIA



 La historia de Abelardo y Eloísa impactó en la vida y poesía de la Edad Media. 

Tratándose de una historia real sus personajes tiene una vida propia realmente vivida y en un contexto histórico también real. 

La historia fue contada por el mismo Abelardo en una carta a un amigo. 

Pedro Abelardo nació en 1079, en Bretaña, Francia .De distinguida familia. Su padre fue un militar, aunque aficionado también a las letras, quería que su hijo siga la carrera de las armas. Abelardo se inclinó totalmente por las letras, lo que le costo la primogenitura y la herencia. Se dedicó a la dialéctica y a la filosofía, en las cuales destacó rápidamente, haciéndose muy conocido. Se trasladó a París donde hizo grandes adelantos como filósofo ganándose enemistades de maestros y condiscípulos. Tuvo que volver a su tierra por enfermedad, que lo mantuvo alejado varios años de París. De vuelta, se dedicó de nuevo a la enseñanza de la filosofía y ahora a las Sagradas Escrituras, para lo que tuvo que obtener un canonicato, en la catedral de París. Se hizo muy famoso y llegó a tener muchos alumnos y también muchos ingresos. Por esta época conoce a Eloísa, una jovencita huérfana, sobrina de un canónigo de nombre Fulberto, quien por el amor que le tenía la introdujo en las letras y ella alcanzo un gran conocimiento de ellas y por ello ya era muy célebre. Tendría entre 17 y 18 años y era 22 años más joven que Abelardo. Este pensó que la podía conquistar enamorándola. En esa época Abelardo podía obtener favores de todas las mujeres que quisiera por su renombre, juventud y belleza. Pero era célibe, por convicción y obligación. Convenció al tío para que le permita dar clases a su sobrina y que le arriende una pieza para él. Como el hombre era tremendamente avaro aceptó las dos propuestas, advirtiéndole que tenga cuidado con el amor. Y se enamoraron. Había en las clases más besos que palabras como lo diría él mismo. Se dedicaba tanto a ese amor clandestino, que descuidó el dictado de sus clases y todo lo hacía por rutina, solo vivía para su amor con Eloísa. Si lograba algunos versos eran de amor y no de filosofía. Sus versos de amor se cantaban en París. Los estudiantes se dieron cuenta de su descuido, empezaron las murmuraciones que le llegaron al tío, que no quiso creer en un comienzo, dado el amor que le tenía a su sobrina y a la fama de célibe que tenía Abelardo.  hasta que no tuvo más que aceptar lo evidente y lo expulsó. Poco tiempo después la joven se dio cuenta que estaba en cinta. Le escribió para darle la buena noticia y pedirle consejo sobre qué hacer. Abelardo, se la robó cuando el tío estaba ausente y se la llevó a Bretaña a la casa de una hermana. Aquí dio a luz a un niño que llamaron Astrolabio, que falleció pronto. El tío sufría la afrenta y no sabía como vengarse. Fue Abelardo quien se le acercó, le suplicó y prometió cualquier satisfacción que el tío quisiera y le prometió que se casaría con su sobrina con tal que se hiciera en secreto y no afectara su condición de célibe reconocido públicamente. El tío aceptó. Eloísa no estaba de acuerdo porque pensaba que corría peligro de sufrir la venganza del tío y por la deshonra que sufriría él mismo. La enseñanza en aquellos tiempos se reservaba a los célibes. Se consideraba que el intelectual no debe tomar esposa. Eloísa quería seguir unida a él por amor y no por vínculo nupcial. Volvieron clandestinamente a París a unirse en matrimonio, luego se fueron en secreto cada uno por su lado. Se veían esporádicamente en secreto. Pero su tío y los criados comenzaron a divulgar el matrimonio contraído y a romper la palabra que sobre este punto se había dado. Su tío con quien siguió viviendo Eloísa la maltrataba con frecuencia. Enterado Abelardo la traslada a una abadía de monjas cerca de París llamada Argenteuil. Mandó también que se le hiciera un hábito religioso, propio de las arrepentidas, a excepción del velo. Cuando se enteraron el tío y sus familiares juzgaron que ahora el engaño era completo, pues, hecha ella monja, él quedaba libre y se conjuraron contra él. Cierta noche, cuando se encontraba descansando y durmiendo en una habitación secreta de su posada, lo castigaron con una cruel venganza, con la complicidad de su criado a quien habían comprado. Lo castraron con una navaja. Se dieron después a la fuga. A dos de ellos que pudieron ser cogidos, se les arrancaron los ojos y los genitales. Uno de ellos era el criado.  El propio Fulberto recibió la ley del Talión. Confundido y avergonzado se refugió en los claustros de un monasterio. Para entonces, Eloísa, siguiendo su consejo, había tomado ya el velo e ingresado espontáneamente en el convento. Ambos vistieron el hábito sagrado al mismo tiempo, él en la abadía de San Dionisio y ella en el convento de Argenteuil, La abadía a la que se había dirigido ofrecía un estilo de vida mundano y bajísimo. Su mismo abad, era conocido por su peor vida y mala fama. Se ganó las iras y el odio de todos por sus frecuentes y enérgicas recriminaciones. Todo lo cual lo obligó a retirarse a un priorato dependiente de la abadía donde pudiera entregarse a sus clases de costumbre . Gran multitud de alumnos acudió a ellas. En este lugar se entregó al estudio de la Escritura primero, junto al ejercicio de las ciencias profanas, a las que ya estaba acostumbrado y que ahora se le exigían de forma preferente. Esto concitó el odio y la envidia de los demás profesores querían impedirle el ejercicio de la docencia, cosa a la que le incitaban constantemente arzobispos, obispos, abades y otras personas de renombre eclesiástico. Se retiró cerca de Noguen sobre el río Sena donde hizo construir un oratorio dedicado al Espíritu Santo y le dio por nombre Paracleto. Luego se trasladó a la abadía de Cluni. Un día recibió una carta de un amigo que se quejaba de sus desgracias, entonces él para demostrarle que no era nada lo que le pasaba comparado con lo que el propio Abelardo había sufrido, le hizo una relación de los sucesos de su vida y de Eloísa. Por una extraña casualidad llegó esta carta a Eloísa que reconoció su letra lo que la impulsó a escribirle y entablando así una correspondencia que ha llegado hasta nuestros tiempos. Abelardo falleció a los 63 años y fue sepultado en el Paracleto, a instancias de Eloísa y la ayuda del abad de Cluni, Pedro el Venerable. Eloísa lo sobrevivió 22 años. Fue abadesa. Sus cuerpos fueron unidos en el sepulcro.

CARTA DE ELOISA A ABELARDO (fragmento)

Eloísa a Abelardo, su dueño; o mejor, su padre, marido; o más bien, hermano. 

Ella, su criada; o mejor, su hija; mejor, su hermana.

Amado mío: Poco ha, cierta persona me trajo casualmente tu carta de consuelo a un amigo. Por la misma dedicatoria me di cuenta, al instante, de que era tuya. Y comencé a leerla con tanta mayor ansiedad cuanto mayor era el cariño con que abrazo al que la escribe, pues si lo perdí a él, sus palabras me lo recrean como si fueran su retrato. Si mal no recuerdo, toda la carta rezumaba hiel y ajenjo, pues reproducía la desdichada historia de mi entrada en religión y los interminables sufrimientos que tú, mi único y solo amor, soportas.

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